enero 20 - 2018
Fundacion America Verde
Monica Burguera
Telemundo 51
Miami Power Team Banner
Programa de Universo Marino
UM TV
UM-TOP-BANNER-1
Noticias y Eventos

Pipín Ferreras aún respira

 

Pipín Ferreras

El cubano Pipín Ferreras, récord mundial de buceo en apnea, llega a Colombia la última semana de junio. Trae un océano de historias empapadas de triunfos, fracasos, risas, llantos, vida y muerte. Huyó de su natal Matanzas (Cuba) cuando tenía 33 años, a mediados de los años noventa. Fue en aquella gran bahía donde se aventuró a descender a las profundidades del mar equipado solo con sus pulmones.

Aquella afición se convirtió en su profesión. En los años ochenta, un 16 de noviembre de 1989, realizó su primer récord al bajar 112 metros. Desde entonces se convirtió en el sucesor del italiano Enzo Maiorca, un buceador libre que habría de inspirar la famosa película ‘Azul profundo’ del director Luc Besson, que protagonizó Jean Reno.

A su arriesgado estilo se le comenzó a llamar “Sin Límites”. En 1994 fue invitado a una exhibición en Italia, viaje que aprovecharía para nunca más regresar a la isla de Fidel. Por esos años apareció otro gran competidor, Umberto Pelizzari. Se volvieron tan rivales como amigos. Cuentan que entrenaban juntos y hasta compartían el esnórquel, que es como si se prestaran el cepillo de dientes.

Francisco Rodríguez
El cubano Francisco Rodríguez, mejor conocido en el mundo como Pipín Ferreras, realizó 25 records mundiales en apnea, dejando su nombre en el podio de los mejores buceadores del planeta. 

El amor llegaría con el mar y también se lo llevaría el mar. Coincidencialmente, en 1996, Pipín arribaría a Cabo San Lucas (México) para romper una de sus marcas. Justo en aquel lugar residía la francesa Audrey Mestre, una estudiante de biología marina, hija de buceadores y que por esos días se encontraba confirmando su tesis de que el buceo libre llenaba los pulmones de plasma. La mujer le contaría su proyecto al cubano, le propondría que hiciera parte de su estudio y que la llevara en su equipo de trabajo. Pipín no solo aceptó, sino que la convirtió en su mano derecha y después en su esposa.

Un año más tarde, Audrey, realizaría su primera marca de 112 metros a fondo. Juntos, en 1998, bajarían 115 metros a pulmón en las diáfanas aguas de Gran Caimán, donde solo quedaría el recuerdo de un beso, porque la marca no la validarían las autoridades deportivas. Él era su “submarinista de seguridad” y ella el amor de su vida.

Pero llegaría la tragedia. La francesa se empeñó en superar el récord femenino impuesto por Tanya Streeter, quien se sumergió a 160 metros de profundidad. Poniendo al límite su capacidad física, Audrey buscó llegar a los 170 metros, algo jamás alcanzado por humano alguno. Aquel sábado 12 de octubre de 2002, el día amaneció nublado en Republica Dominicana. Sin embargo, todo el equipo se alistó para la prueba. Al mediodía prepararon el trineo de 90 kilos de peso en el que bajaría la francesa.

Cuentan que por varios segundos Audrey miró a los ojos de su esposo, se despidió pestañeando y dio la orden de descenso. Al parecer no hubo complicaciones en la bajada, a los 171 metros el cable se detuvo, y entonces todos pensaron que lo había logrado y  que estaba de regreso. No obstante, pasados cuatro minutos, Pipín dio la orden de bajar a ver qué pasaba. Audrey Mestre, de 28 años, murió con su traje de buceo en los brazos de su esposo. Camino al hospital, Pipín trató de revivirla dándole respiración boca a boca. Pero los pulmones de la francesa ya tenían el tamaño de dos naranjas.

Francisco Rodríguez
Pipín y Audrey Mestre rimpieron todos los records de inmersión como pareja. La bella historia de triunfos, derrotas, amor y dolor fue llevaba al cine por el director James Cameron en el filme ‘The Dive’. 

El duelo duró más de un año. Pipín, entonces decidió retar a la naturaleza tomando como suya la meta que se había impuesto su esposa. En la misma bahía donde se conocieron en México, el cubano se sumergió durante 2 minutos y 38 segundos, disminuyendo sus pulsaciones a 20 por minuto, y alcanzó los 171 metros de profundidad para romper todos los récords conocidos durante años atrás.

Más de 600 inmersiones por encima de los 100 metros, media docena de registros impuestos durante sus años mozos, pruebas científicas que comprobaron que sus pulmones tenían una capacidad de 8 litros –lo normal son cuatro–y hasta una película hecha por James Cameron, inspirada en su vida, lo han convertido en la leyenda viviente, quien a los cincuenta años aún le queda mucho por respirar.